La producción de petróleo alcanzó en abril un máximo histórico de 893 mil barriles diarios, con un crecimiento interanual del 19% y con Vaca Muerta aportando el 78,1% del total nacional.

Dentro de ese volumen, la rotación del liderazgo entre áreas confirma que el shale argentino opera bajo un esquema competitivo donde la eficiencia, la capacidad de ejecución y la disponibilidad de infraestructura determinan quién puede escalar producción.

En abril, La Amarga Chica encabezó el ranking con 89.436 barriles diarios, desplazando a Loma Campana, que registró 89.002 barriles. Es la primera vez desde octubre de 2025 que Loma Campana no ocupa el primer lugar.

El tercer puesto correspondió a Bandurria Sur, con 61.382 barriles, mientras que Bajada del Palo Oeste, operada por Vista, se ubicó cuarta con 60.293 barriles diarios. La Angostura Sur también mostró incrementos asociados a mejoras tecnológicas en perforación y completación.

La estructura societaria detrás de estos bloques explica parte de la rotación. YPF opera las tres áreas de mayor producción y mantiene alianzas con Chevron (Loma Campana), Vista (La Amarga Chica tras la salida de Petronas), Shell y, en menor medida, Equinor en Bandurria Sur.

Vista Energy, tras adquirir los activos de Equinor, se consolidó como el principal productor independiente y participa en los bloques que definen el podio. Shell combina operación directa en Sierras Blancas, Cruz de Lorena y CASO con participación en Bandurria Sur y en consorcios de infraestructura como VMOS.

TotalEnergies, aunque no compite por el liderazgo en petróleo, opera Aguada Pichana Este y San Roque, dos de los bloques gasíferos más relevantes, y sostiene la oferta invernal junto a Wintershall Dea y PAE.

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La competencia entre áreas se apoya en mejoras operativas que reducen tiempos de perforación y completación entre 12% y 18%, aumentan la productividad por pozo y permiten sostener curvas de aprendizaje aceleradas.

Sin embargo, el límite ya no está en la roca sino en la infraestructura. Los oleoductos de evacuación operan cerca del 90–95% de su capacidad en picos, el Gasoducto NK requiere completar su segunda etapa y las terminales de exportación necesitan ampliación de tanques y capacidad de bombeo.

La disponibilidad de midstream condiciona la posibilidad de sostener el crecimiento y define qué operadores pueden escalar producción sin restricciones.

La rotación del liderazgo también refleja la integración vertical de los actores. Shell participa en el oleoducto Sierras Blancas–Allen y en VMOS; Vista integra producción con comercialización a través de su alianza con Trafigura; YPF articula upstream, midstream y refinación; TotalEnergies combina shale gas con offshore en la Cuenca Marina Austral, aportando estabilidad al sistema.

La capacidad de cada empresa para financiar, operar y asegurar evacuación determina su posición competitiva más allá del volumen puntual de cada área.

El sistema muestra que Vaca Muerta ya no depende de un único bloque ni de un único operador. La competencia interna acelera la eficiencia, pero la infraestructura y la arquitectura societaria definen la escala posible.

La producción puede seguir creciendo, pero su sostenibilidad requiere ampliar ductos, completar proyectos de transporte y consolidar reglas que reduzcan el riesgo operativo. La rotación en el podio confirma la madurez técnica del shale argentino, pero también expone los límites físicos y regulatorios que condicionan su expansión.

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